El sector gastronómico es la principal actividad industrial de nuestro país. Hablamos de toda la cadena alimentaria, “desde la granja hasta la mesa”, es decir, desde la producción primaria a la transformación de los alimentos, la distribución, la comercialización y el consumo.

Toda esta actividad supone un fuerte impacto sobre el medio ambiente, y cada etapa genera efectos que pueden ser muy negativos para los ecosistemas y para las futuras generaciones.

Por ello, es importante que tomemos conciencia sobre la importancia de reducir estos efectos, y que conozcamos cuáles son las acciones que podemos llevar a cabo, individual y colectivamente, para contribuir a alcanzar un desarrollo y un futuro más sostenibles.

Energías renovables y reducción de la contaminación

El sector alimentario abarca multitud de actividades que requieren el uso de energía (refrigeración, cocción, envasado, transporte…). Esto genera un impacto ambiental debido, principalmente, al consumo de recursos energéticos no renovables y a la contaminación atmosférica.

Para reducir el consumo, es importante mejorar la eficiencia energética en todos los procesos de producción, y optimizar el transporte y la distribución.

La transición hacia el uso de fuentes de energía más limpias y renovables es otra de las medidas necesarias para reducir la contaminación y asegurar la continuidad de los recursos energéticos.

Además, en la industria alimentaria se generan gran cantidad de residuos que contaminan el medio ambiente, en su mayor parte provenientes de envases. Implantando planes de prevención de residuos se puede mejorar su gestión para reducirlos al máximo.

 

Producción y consumo sostenibles

Otro de los grandes retos a los que se enfrenta este sector es asegurar el suministro de alimentos a una población mundial en crecimiento.

Los recursos del planeta no son ilimitados. Si continuamos con los actuales modelos de producción, la escasez de recursos será cada vez mayor y el deterioro del medio ambiente acabará afectando a la sostenibilidad de la producción alimentaria.

 

Debemos hacer un esfuerzo para preservar los recursos naturales, empleándolos de una manera más eficiente y reduciendo al máximo el desperdicio de alimentos.

Concretamente, el agua es un elemento indispensable para la industria alimentaria y esencial para la vida, por lo que es de vital importancia reducir su consumo y mejorar su reutilización, con el fin de asegurar un abastecimiento sostenible.

Es fundamental, también, trabajar para proteger la biodiversidad, es decir, la diversidad de especies vegetales y animales. Principalmente, recuperando las especies autóctonas y evitando los monocultivos, que ponen en peligro el equilibrio de los ecosistemas.

Y los consumidores, ¿cómo podemos contribuir al cambio?

A nivel individual, los consumidores podemos contribuir a la mejora de la sostenibilidad alimentaria de múltiples formas.

Para reducir la contaminación por residuos, por ejemplo, debemos procurar comprar alimentos con envases reciclables y evitar los plásticos. Una buena práctica es seguir la regla de las 3R: reducir, reciclar y reutilizar.

Con una adecuada planificación de la compra y de los menús, y prestando atención a las fechas de caducidad, reduciremos significativamente el desperdicio de comida.

También hay una serie de hábitos que podemos poner en práctica para ahorrar en el consumo de agua, como evitar descongelar o lavar los alimentos bajo el grifo, utilizar la menor cantidad de agua posible para hervir o reutilizar el agua sobrante para regar las plantas.

Igualmente, con sencillos gestos como aprovechar al máximo el espacio del horno o evitar abrir constantemente la nevera, podemos reducir el consumo energético.

Y si compramos alimentos de proximidad y de temporada, estaremos evitando el gasto energético y la contaminación que supone transportarlos desde zonas más alejadas.

Conseguir una alimentación sostenible requiere la implicación de todos los agentes de la cadena de suministro, desde el proveedor hasta el consumidor final. Si todos colaboramos, la industria alimentaria puede convertirse en una fuente de producción sostenible, capaz de satisfacer las necesidades de la población actual sin comprometer las de las futuras generaciones.

Ester Fernández Quintá

Vicesecretaria de ASEUG