Es curioso cómo la gastronomía puede contribuir a mejorar la vida de las personas de formas muy diversas. Puede ser una inestimable fuente de salud, puede ayudar a proteger el medio ambiente, puede evitar el hambre en el mundo o la precariedad de los trabajadores… o puede ayudar a las personas con riesgo de exclusión social.

Con esta idea se ha desarrollado el proyecto Bocados de Arte, organizado por la Fundación Down Madrid, con el apoyo de la Fundación Repsol y la Academia Iberoamericana de Gastronomía (AIBG), de la que forman parte las Academias de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, España, EE.UU.–Este, México, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, República Dominicana y Venezuela.

La AIBG se constituyó hace 10 años en Sevilla y, entre sus finalidades figura, de manera destacada, contribuir a alcanzar una gastronomía cada vez más saludable, más solidaria, más sostenible y más satisfactoria.

En este proyecto, 12 artistas de la pintura con Síndrome de Down acudieron a cuatro restaurantes para encontrarse con grandes chefs de la cocina española: Mario Sandoval, Paco Roncero, Martín Berasategui y Ramón Freixa.

La idea era que estos artistas degustaran los platos elaborados por los chefs y encontraran inspiración para crear sus pinturas. 14 obras de arte que, luego, se subastaron en una cena benéfica en el Teatro Real.

Y es que la gastronomía, como la pintura, también es una forma de expresión artística donde el autor puede dar rienda suelta a su creatividad. Una fuente de arte que, en este caso, ha servido para inspirar a otra.

Es interesante ver cómo los artistas hicieron sus propias interpretaciones a partir de las impresiones y sensaciones que les producían los platos. Al ver las obras, uno puede intuir la esencia que hay detrás de cada receta.

La subasta solidaria, que fue un éxito, ha servido para recaudar fondos para la Fundación Down Madrid y dar visibilidad al talento artístico de las personas con discapacidad intelectual.

Los que hemos seguido de cerca esta iniciativa, hemos podido conocer la vida de estas maravillosas personas y descubrir un talento que no siempre es debidamente reconocido por la sociedad.

Ejemplos como este demuestran que la gastronomía puede convertirse en un acto solidario, adoptando la forma de pequeños gestos que son capaces de cambiar la vida de las personas que nos rodean.

Rafael Ansón Oliart

Presidente de Honor de ASEUG