Amig@s, hoy en día está muy de moda influirnos con la falta de tiempo; sobre todo de aquell@s que quieren sacar beneficio del tiempo que se supone nos falta.

Es un constante machaqueo, la falta de tiempo para cocinar. Pero por qué no nos preguntamos: ¿qué es el tiempo? De una manera general, es el devenir de todo lo que existe, con la sucesión continuada de momentos.

¡La vida!

Como digo… en los medios hay un mensaje continuo y deliberado de NO TENEMOS TIEMPO PARA COCINAR. Todavía me pregunto, aunque ya ha pasado “tiempo”: ¿por qué en el 2016, Año Internacional de las Legumbres, no hubo un mensaje continuo y deliberado, de que hay que cocinar legumbres? Siendo, junto con la quinua (o quinoa, denominación más habitual aquí) los únicos alimentos que han tenido el privilegio y honor de tener un Año Internacional para su celebración y que los avala.

Y lo más necesario, comer este alimento, que según todos es uno de los más importantes para la alimentación humana y animal en el mundo, y cultivarlo es sostenible y beneficioso para el medio ambiente, y vital para el equilibrio del planeta tierra.

Pero, circunscribiéndonos al tiempo del que hablamos, podríamos decir que es la duración de un fenómeno o un determinado instante en el curso de los acontecimientos.

¡Cocinar!

Creo que el tiempo está muy ligado al gusto. Por eso, cuando no nos gusta o no nos atrae algo, lo achacamos al tiempo para no hacer aquello que no nos genera empatía, gusto, distracción o satisfacción. Pero, ¿hay que generalizarlo a la falta de tiempo para todos y decir que no hay tiempo para cocinar o que falta tiempo para cocinar? Porque es atacar directamente a otro de los paradigmas de nuestro tiempo, ¡la cocina!

¿Se podría decir que no hay tiempo para ver la TV, para usar el móvil o para utilizar internet? Por qué, entonces, se puede decir que no hay tiempo para cocinar.

Cuánta hipocresía hay en nuestra alimentación-nutrición y, por ende, en nuestra vetusta, luchadora, resignada y, a la vez, avanzada cocina. ¡Que dejen a cada uno emplear el tiempo como quiera, cuando quiera y donde quiera!

Un mismo producto puede tener diferentes formas, sabores, texturas, en definitiva, distintos significados en diferentes momentos. Pero esto no significa ambigüedad, sino inspiración emocional y riqueza culinaria. El tiempo en la cocina es poder buscar infinitas melodías que, junto con el ritmo, la armonía y el timbre, siempre crearán una obra majestuosa en nuestra pequeña y agradable cocina.

¡Cocinemos!

El tiempo es todo y no es nada. ¿Existe el tiempo? O es el antiguo modo de vivir de sol a sol y la noche que nos embargaba, nos embelesaba con el sueño entre sueños. Los egipcios y babilónicos nos sacaron de los sueños.

El tiempo es inmaterial, se diluye como el humo, lenta e inexorablemente, por eso, hay que saborearlo, degustarlo. Que no se nos influya con su falta, que cada uno lo viva, lo disfrute como quiera.

El tiempo en la cocina es desarrollar los sentidos y, a la vez, educar las emociones a través del equilibrio y el uso del intelecto. Lo verdaderamente maravilloso del tiempo, del arte en la cocina y su devenir temporal, es que siempre comenzamos sabiendo o creyendo saber el final, pero aquello que buscamos o pretendemos, y la tensión que nos produce entre apasionamiento y felicidad, es la dificultad en conseguirlo. Por eso para mí la cocina no tiene definición, se pierde con el tiempo, es el tiempo.

El tiempo es un hermoso y estimulante proceso de aprendizaje, ¿por qué no puede ser cocinando?

¡Si hay tiempo para cocinar!

 

Francisco Javier de la Vieja de Diego

Vocal de ASEUG