Imagen: Pepa Muñoz cocinando en el NH Eurobuilding de Madrid, en colaboración con la ONG World Central Kitchen de José Andrés.

El pasado mes  hablaba de la solidaridad y de cómo la gastronomía puede contribuir a cambiar la vida de las personas que nos rodean. En esta ocasión toca hablar de otra cara de la misma moneda.

La situación de emergencia que estamos viviendo, como consecuencia de la pandemia por coronavirus, está afectando a nuestras vidas de una manera que no habríamos podido imaginar.

Uno de los sectores que más se está viendo afectado por esta situación de emergencia es el de la gastronomía, especialmente en lo que se refiere a la restauración. Muchos bares y restaurantes han tenido que cerrar sus puertas, y los que se mantienen abiertos solo pueden servir comida a domicilio. Sin duda, se trata de una situación excepcional que va a tener consecuencias negativas para nuestra economía, consecuencias cuya magnitud es difícil de predecir.

Pero hoy quiero hablar de los más desfavorecidos. Aquellas familias e individuos que se encuentran en una situación extrema de pobreza y que dependen de terceros para recibir alimentos. Algunas de estas personas ya se encontraban en esta situación, otras están viendo agotarse sus recursos como consecuencia del cese de su actividad laboral.

Bancos de Alimentos y comedores sociales

Es difícil imaginar cómo estas personas podrían salir adelante sin la ayuda de voluntarios, organizaciones y empresas que dedican su tiempo y sus recursos para ayudar a los más necesitados. Pero el aislamiento obligado por el estado de emergencia también está suponiendo una dura prueba para ellos. Los Bancos de Alimentos y los comedores sociales se enfrentan a la escasez de recursos, mientras que algunas asociaciones solidarias han tenido que cerrar para proteger la salud de su personal.

La buena noticia es que la sociedad está respondiendo con una oleada de solidaridad, y ya están surgiendo multitud de iniciativas para contribuir a mejorar la situación de estas personas.

 

Banco de Alimentos de Madrid

 

Vecinos y voluntarios

Algunas organizaciones y empresas se han puesto en marcha para hacer llegar los alimentos a las personas más necesitadas. Y no solo a aquellas con falta de recursos sino, también, a las que no pueden valerse por sí solas.

Estamos viendo cómo vecinos y voluntarios se ofrecen a hacer la compra, o a cocinar, para las personas mayores, las enfermas o las que tienen movilidad reducida. O, incluso, para el personal sanitario o los transportistas.

Restaurantes, también de alta cocina

Algunos restaurantes y hoteles, antes de echar el cierre, han donado sus despensas a los Bancos de Alimentos para que otras personas puedan aprovecharlas.

Por otro lado, y siguiendo las directrices del Ayuntamiento de Madrid, muchos restaurantes, entre los que se incluyen algunos de alta cocina como Coque, siguen trabajando, parcialmente, para dar de comer a aquellos que más lo necesitan.

Hay que destacar, también, la presencia en Madrid de la ONG de José Andrés, que cuenta con colaboraciones importantes como la de Pepa Muñoz, del restaurante el Qüenco de Pepa y presidenta de FACYRE (Federación de Cocineros y Reposteros de España), muchos de cuyos miembros también están participando en el objetivo común de que todas las personas y familias tengan acceso a una adecuada alimentación.

Y desde la Comunidad de Madrid se ha puesto en marcha un plan para garantizar que los niños y niñas que recibían becas de comedor puedan seguir percibiendo estas ayudas.

Respuesta social solidaria

Los españoles están respondiendo de una manera ejemplar ante esta situación de crisis, cumpliendo con el confinamiento que se ha impuesto para proteger a todos los ciudadanos. Es importante que tratemos, entre todos, de que nadie tenga que pasar por el sufrimiento añadido de la falta de alimentos.

Ahora es tiempo de ejercer una gastronomía solidaria y de ayudar a aquellos que más lo necesitan, pues la alimentación es un derecho universal y nadie debería verse privado de ella.

 

A la izda., Rafael, Mario y Diego Sandoval cocinando durante la emergencia sanitaria para dar de comer a los niños madrileños. Abajo, los hermanos Sandoval junto a Rafael Ansón antes de la pandemia.

Rafael Ansón Oliart

Presidente de Honor de ASEUG