El mes pasado se celebró en Madrid la Cumbre Mundial del Clima COP25. Un encuentro al que acudieron dirigentes y representantes de todo el mundo para alcanzar acuerdos que permitan frenar el deterioro de nuestro planeta.

El actual Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, abrió el evento con unas palabras dedicadas al compromiso de España con la transición ecológica y la lucha contra la emergencia climática, haciendo especial alusión al papel de la gastronomía en este proceso de cambio.

“La acción para luchar contra la emergencia climática debe abarcar todos los aspectos de nuestra vida diaria, incluyendo la alimentación. La gastronomía no consiste solamente en probar o disfrutar, también debe ser más ecológica y más equilibrada. Por esta razón, la cocina española es un ejemplo de lucha contra el cambio climático y trata de promover una alimentación más saludable, más solidaria y más sostenible”.

En los últimos años, la gastronomía ha experimentado un desarrollo considerable. Hemos conseguido ampliar el concepto de la alimentación, que ha pasado de ser meramente satisfactoria a reconocer la importancia del aspecto saludable y, más tarde, solidario. Pero, quizás, lo que más interés genera hoy en día, en un momento en el que la emergencia climática atrae la atención de todo el mundo, es el aspecto sostenible.

La repercusión que tiene la industria alimentaria en el medio ambiente, desde la producción hasta la distribución y el consumo, es bastante significativa. Nuestro reto ahora, como expertos gastronómicos, como consumidores y como sociedad, consiste en reducir sus efectos negativos y alcanzar un desarrollo más sostenible.

Aumentando el uso de energías renovables, utilizando sistemas de producción que favorezcan la biodiversidad, reduciendo el uso de productos químicos (fertilizantes, pesticidas, plásticos…), apoyando a los productores locales, empleando técnicas de conservación que reduzcan el desperdicio de alimentos o utilizando envases reciclables.

Son solo algunos ejemplos de lo que la sociedad del siglo XXI, a través de la producción y el consumo de alimentos, puede, y debe, hacer para proteger el medio ambiente.

Por supuesto, sin olvidar que la alimentación debe ser también placentera, saludable, justa e igualitaria. Todos estos objetivos están muy relacionados entre sí, pues se trata de adquirir una mayor conciencia sobre la influencia que la alimentación ejerce en nuestra salud y bienestar, para adoptar un modelo de alimentación más responsable con nosotros mismos y con nuestro entorno.

 

Rafael Ansón Oliart

Presidente de Honor de ASEUG