Hola, soy la “perla de Montejo”. Sí, la perla, una perla blanca de iluminado resplandor, arriñonada de forma. ¡Oh, una perla! Sí, un judión de valor incalculable, de sabor inigualable y, si me saben tratar y cocinar, cosa que yo me dejo muy amablemente, estoy delicioso.

Mi historia es larga y muy aventurera. Fui buscada y traída de explorados mundos, navegando por infinitos mares de aguas frías y turbulentas, viajando en grandes barcos de madera de velas esplendorosas. Me trajeron acompañada de piedras preciosas, especias, oro, plata. Pero yo no solo serví para enriquecer y embellecer a los humanos, sino para hacerlos más grandes, mas importantes, más felices, aunque sigo siendo vapuleada por ellos.

Después de muchos avatares, también acabé en la Sierra de Madrid llamada, durante mucho tiempo, la “sierra pobre”. Y aquí es donde me han cultivado, pues las condiciones climáticas y orográficas de la sierra me benefician, consiguiendo que se hable de mí.

La perla de Montejo soy, legumbre, palabra mágica, misterio en píldoras, granos bendecidos por el sol y hechos realidad por el agua.

Os voy a contar de una manera poética quién soy:

Legumbre eres, legumbre serás y en legumbre te convertirás.
Hidratada renaces de tu largo letargo.
Guisada volverás a ser el inocente sueño.
En la cazuela te retroalimentas de tu poder mágico.
En el plato humilde, sincera y apasionada te encontrarás.
En la mesa, reina del momento, aun siendo milenario tu cuento.
En la boca sueño de pasiones convertido en miles de ilusiones.
Y después solo queda el momento, pero emocionante recuerdo vivido.
Porque las legumbres somos como la vida, ¡momentos!

Cuando cuento o digo estas cosas, se me saltan las lágrimas de la hidratación y me pongo henchida de orgullo leguminoso, porque yo sí sé de mi valor.

¿Sabéis que, de donde yo vengo, donde me cultivan, hay otra maravilla? El hayedo de Montejo, que es un espacio casi mítico, masa boscosa espléndida y un tanto exótica. Las hayas tienen magia, sus hojas adoptan colores intensos –verde brillante, rojo fuego, amarillo–, sus copas tienen forma especialmente generosa, sus troncos lisos transmiten la solidez de la buena madera. Juntas, estas hayas forman los bosques más hermosos. Cuando el sol se filtra a través de sus ramas, pueden aparecer, entre los troncos, todos los personajes de los cuentos infantiles.

Y diréis que para qué os cuento esto de las hayas. Pues es porque nacemos, y crecemos, en un pueblo con un encanto especial, y porque nos parecemos en algunas cosas. Las dos somos estrellas encantadoras. También cuando nosotras nos juntamos formamos un plato hermoso y delicioso. Y, si hay que hablar de cuentos fantásticos, nosotras somos capaces de hacer infinitos cuentos de miles de personajes, que los humanos llaman recetas.

 

 

Pero volvamos a la realidad de la perla de Montejo, porque cuando me dejan hacer y hablar, soy soberbia y engreída.

Os voy a decir a todas y todos legumbristas de alcurnia, cómo debo de ser y estar cuando llega mi día en el plato: tengo que estar completa de vista; en la boca, debo estar entera de forma; y, en la mordida, engañaros, pues la verdad es que no debe necesitarse morderme, tengo que deshacerme, dejando todo mi encanto en vuestro paladar.

En cuanto a mi impresión en la boca, qué fácil y qué difícil es ponerme sabor. Esas sensaciones químicas detectadas por el gusto y el olfato. No sé si el sabor es algo virtual, natural, creativo, arte, emoción, sensibilidad, conocimiento, gusto. Lo que sí sé es que es un lujo de sensaciones apasionantes y aparentemente sencillas, que el humano consigue con un poco de conocimiento y un mucho de pasión por lo que hace. Consiguiendo que yo le devuelva un sabor extraordinario, que nunca será el mismo.

Soy la perla de Montejo. Sólo necesito que los humanos sepan que todos mis estrenos siempre son novedosos. No deben olvidarse de percutir siempre, o casi siempre, en la cocción e intentar buscar vías compositivas innovadoras, explorando nuevos acordes para conseguir una construcción final del plato lo más armónica posible.

Soy la perla de Montejo. Yo soy de cocina de cuchara, la cocina de las legumbres, y es verdad que nunca estaré de moda, ¡es verdad! Pero siempre estaré por encima de los vaivenes de la época.

Escuchando a Dylan, –sí yo, la perla; me gusta la música que se escucha con el paladar…– me topo con “Knockin’ on Heaven’s Door”, y me doy cuenta de que tengo el título de lo que represento:

Llamando, llamando, llamando a las puertas del cielo
Llamando, llamando, llamando a las puertas del cielo
Llamando, llamando, llamando a las puertas del cielo
Llamando, llamando, llamando a las puertas del cielo

En realidad, solo pretendo ser un bocado que cree adicción, quiero decir, que cada cucharada provoque la necesidad de comer otra, y otra, y otra.

Porque la comida es también como la música, algo inefable que embriaga de satisfacción sin saber exactamente en qué consiste. Como estos versos de sor Juana de la Cruz:

“Bien sé que es atrevimiento
pero el amor es testigo
que no sé lo que me digo
por saber lo que me siento”.

Yo, la perla, solo intento expresar emociones a través de los sentidos, el sabor, los aromas, la estética, el placer de la mesa y la compañía. En realidad, mi objetivo es ser un disfrute sencillo y, a la vez, grandioso desde mi ingenuidad, ser diferente, distinta, divertida; comportarme virtuosamente en el paladar de los humanos y que disfruten.

Quiero ir terminando y lo voy a hacer con la opinión de René Julien: decía “que no puede haber una gran civilización sin una gran cocina y que la función de la gastronomía es la de llegar al espíritu por el cuerpo, y que en ningún sitio se hace más derroche de inteligencia y de una imaginación creadora que alrededor de una mesa”.

A ver si se dan cuenta los humanos de:

¿Qué pasaría si nunca pasase nada?

Yo, la perla de Montejo, sí quiero que pasen cosas diferentes, composiciones diferentes, materias primas diferentes, cocinadas de diferente manera, en definitiva, me gusta ¡que me jalen!… No os olvidéis de que soy milenaria. Y yo no me olvidaré de que muchos humanos siguen defendiendo las legumbres, su dulzura, su saber estar, su manipulación infinita y su increíble manejabilidad y conversión a todo, y con todo.

Es que soy la perla de Montejo, os voy a contar mi secreto: soy…

Excitante maga.
Alquimista de tamaños y formas.
Encantadora de gustos y sabores.
Ilusionista de sentimientos y emociones.
Prestidigitadora de los colores.
Hipnotizadora de los tiempos.
Hechicera de los momentos.
Bruja de las sorpresas.

Donde nada desaparece, todo se transforma en platos y recetas. Soy la perla de Montejo.

 

Francisco Javier de la Vieja de Diego

Vocal de ASEUG