En tiempo de verano apetece la comida refrescante y, si es sana y nutritiva, estaremos haciendo lo correcto para la salud. Las verduras son un aliado indispensable en la dieta saludable. La abundancia de vegetales en los meses más cálidos es una ventaja en la elaboración de gran variedad de platos de los llamados “menús de verano”. La ensalada campera, el pisto y las sopas frías están muy presentes en las mesas durante este tiempo.

El majado o triturado de los alimentos se practica desde el neolítico para hacer comibles los productos comestibles, para facilitar su ingestión y digestión y para poder mezclar los sabores de forma paladeable y agradable al consumo. En el Libro de Rut, en la Biblia, se puede leer cómo, para alimentarse a modo de aperitivo, mojaban la rebanada de pan en “vinagre”. Los romanos consumían el “posca”, una mezcla de harina de trigo y vinagre a la que, con el tiempo, se fueron añadiendo también verduras trituradas. La coloración vino después, a partir del siglo XV, con la llegada a Europa de los tomates. En América, cuenta Bernal Díaz del Castillo que los habitantes de lo que hoy es Méjico elaboraban una masa de maíz a la que añadían tomate machacado y era de uso muy frecuente en la alimentación.

El ajoblanco contiene ajo, almendras, sal, vinagre y aceite, básicamente; como su nombre indica, la pasta resultante es de color blanco. El salmorejo se hace de muy diversas maneras dependiendo de la región y los productos de cercanía. El salmorejo más afamado es el de Córdoba a base de tomate, pan machacado, ajo, sal, aceite de oliva virgen extra (AOVE) y vinagre. El resultado es un puré distinto del gazpacho, que es más líquido y contiene solamente vegetales.

 

 

No es comida de romería aquella que se elabora en el lugar de destino. Las paellas, las calderetas y todos los guisos al efecto son cosas más novedosas en este ambiente, que llegaron con la generalización de los automóviles y los transportes. Se diferencian de la comida que llevaban a diario, al campo, los agricultores en que son alimentos más preparados y típicos, mientras que la dieta de mediodía de los labradores y pastores eran embutidos, pan, queso y, como mucho, un puchero de cocido que se hacía llegar a la zona de trabajo, al mediodía, por una persona propiamente encargada de ello.

De la rica tradición gastronómica de todas las regiones, me atrevo a destacar algunas de las más populares viandas de romería. A los ya mencionados filetes empanados y tortilla de patata, se suman en la lista las patatas aliñadas, el cazón en adobo, las bolitas de jamón y queso, los buñuelos de pollo, los calamares a la romana, el bacalao rebozado, las croquetas de todo tipo, las empanadillas y, todos ellos, rematados con la fruta y los dulces. Las tejas de almendra, los mantecados empiñonados o almendrados, los dulces de membrillo y la miel para endulzar la vida.

Este año nos vamos a abstener de reunirnos para comer en romería y a la espera de septiembre, que también es época, al final de verano, de este tipo de eventos, bien está recordar, una vez más, la riqueza cultural que la comida nos ofrece para cada ocasión. Recordando siempre la alimentación equilibrada, variada y saludable.

 

 

 

Rafael Conde Morencia

Vocal de ASEUG